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EL FIN DEL DINERO FÁCIL SE ACERCA

  11/06/2018 - Los bancos centrales han estado inundando las economías con dinero en los últimos años, pero se acerca la fecha en la que se va a cerrar el grifo.

Desde la crisis financiera, los tipos de interés se han mantenido en niveles históricamente bajos, y algunos de los bancos centrales han comprado billones de euros en bonos gubernamentales y corporativos. La idea era que los bajos tipos alentarían la inversión de las empresas y el gasto de los consumidores.

Aunque hay opiniones distintas sobre si este estímulo económico ha servido para avivar un crecimiento económico de amplia base, no hay discusión de que este aluvión de efectivo evitó un colapso financiero global y ayudó a impulsar el precio de las acciones y de los bonos a niveles récord, así como el de los inmuebles y otros activos reales.

El pasado mes de octubre, la Fed americana dio el primer paso en ese sentido al no reemplazar 4.500 millones de dólares a su vencimiento.

En las encuestas, los inversores mundiales identifican un cambio hacia el ajuste monetario como la causa más probable de la próxima recesión. La historia muestra que tales transiciones están llenas de riesgos. Cuando la Fed comenzó a impulsar los tipos en 1994, desencadenó la peor caída de bonos corporativos en dos décadas. También ayudó a desencadenar una devaluación repentina del peso mexicano y la consiguiente Crisis del Tequila.

La mayoría de las economías están registrando un sólido crecimiento. Los mercados de trabajo han vuelto a lo que los políticos consideran el pleno empleo. Los países europeos, devastados por la crisis como España, han recuperado pérdidas económicas. China ha sacudido los temores de una crisis de deuda. Incluso Japón consiguió superar su largo ciclo de mini recesiones.

Es cierto que los banqueros centrales no han alcanzado sus metas de inflación; el hecho de que los precios no suban es una señal de que el crecimiento aún es insatisfactorio. Pero los legisladores están dejando de lado esa preocupación, ya que se enfocan cada vez más en frenar los excesos financieros que podrían preparar el escenario para otro colapso.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, que debe dejar su cargo el próximo mes de octubre, prometió hace cinco años que haría "lo que sea necesario" para salvar el euro. Hasta el momento el BCE ha comprado más de 2 billones de euros. Esa es la cantidad en la que ha expandido el balance general del banco. El 26 de octubre del año pasado, el BCE anunció que su compra de bonos continuaría hasta septiembre de 2018, aunque en 30.000 millones al mes, frente a los 80.000 millones que venía adquiriendo. La institución también hizo hincapié en que reinvertiría el producto obtenido con el vencimiento de los bonos por un período prolongado.

Los políticos europeos han sido de los más contundentes en su campaña para reducir los costes de endeudamiento, defendiendo los tipos de interés negativos, lo que deja a los inversores que eligen proteger su dinero invirtiéndolo en bonos de los gobiernos con menos de lo que empezaron. Y a diferencia de la Reserva Federal, que limitó sus compras a los bonos del gobierno y los bonos hipotecarios, el BCE también ha estado comprando deuda corporativa. Al hacerlo, se amplió una línea de vida para las empresas europeas que de otro modo podrían haber sido forzados a reducirse. Esa agresividad nunca le ha sentado bien a los funcionarios alemanes, que tradicionalmente han favorecido controles más estrictos para mantener baja la inflación.

Los mercados esperan que en la reunión de este jueves del consejo del BCE aclare su postura sobre el fin de los estímulos.

realestatepress

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